NOCHE BUENA Y NAVIDAD
MISA DE LA VIGILIA
Lectura del profeta Isaías.
Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta
que rompa la aurora de su justicia, y su salvación llamee como antorcha.
Los pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria; te pondrán un nombre
nuevo, pronunciado por la boca del Señor. Serás corona fúlgida en la mano
del Señor y diadema real en la palma de tu Dios. Ya no te llamarán
«Abandonada», ni a tu tierra «Devastada»; a ti te llamarán «Mi favorita», y a
tu tierra «Desposada», porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá
marido. Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te
construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará
tu Dios contigo.
Salmo responsorial
Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.
Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo:
“Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.” R.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo. R.
Él me invocará: “Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.”
Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable. R.
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles.
Habiendo llegado a Antioquía de Pisidia, Pablo se puso en pie en la
sinagoga y, haciendo seña de que se callaran, dijo: “Israelitas y los que
teméis a Dios, escuchad:
El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros padres y multiplicó al
pueblo cuando vivían como forasteros en Egipto. Los sacó de allí con brazo
poderoso. Después nombro rey a David, de quien hizo esta alabanza:
“Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que
cumplirá todos mis preceptos.” Según lo prometido, Dios sacó de su
descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan
predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para
acabar su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a
quien no merezco desatarle las sandalias.”
Evangelio según san Mateo
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.
Abrahán engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos.
Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zará, Farés a Esrón, Esrón a Aram,
Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón
engendró, de Rahab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed a Jesé,
Jesé engendró a David, el rey.
David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón a Roboam,
Roboam a Abías, Abías a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a
Ozías, Ozías a Joatán, Joatán a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías engendró
a Manasés, Manasés a Amós, Amós a Josías; Josías engendró a Jeconías
y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.
Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel
a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquín, Eliaquín a Azor, Azor a
Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán,
Matán a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual
nació Jesús, llamado Cristo.
Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce;
desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la
deportación a Babilonia hasta el Mesías, catorce.
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos,
resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su
esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.
Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un
ángel del Señor que le dijo: “José, hijo de David, no tengas reparo en
llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del
Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús,
porque él salvará a su pueblo de los pecados.”
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el
Profeta: “Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por
nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”.”
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor
y se llevó a casa a su mujer. Y sin que él hubiera tenido relación con ella,
dio a luz un hijo; y él le puso por nombre Jesús.
MISA DE MEDIA NOCHE (misa del gallo)
Lectura del profeta Isaías.
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra
de sombras, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo;
se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al
repartirse el botín. Porque la vara del opresor, y el yugo de su carga, el
bastón de su hombro, los quebraste como el día de Madián.
Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el
principado, y es su nombre: “Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre
perpetuo, Príncipe de la paz.” Para dilatar el principado, con una paz sin
límites, sobre el trono de David y sobre su reino. Para sostenerlo y
consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre. El celo
del Señor de los ejércitos lo realizará.
Salmo responsorial
Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.
Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R.
Proclamad día tras día su victoria. Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R.
Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque. R.
Delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad. R
Lectura de la carta de san Pablo a Tito.
Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los
hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos
mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa,
aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y
Salvador nuestro, Jesucristo. Él se entregó por nosotros para rescatarnos
de toda maldad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las
buenas obras.
Evangelio según san Lucas
En aquel tiempo, salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer
un censo del mundo entero. Éste fue el primer censo que se hizo siendo
Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su
ciudad. También José, que era de la casa y familia de David, subió desde
la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén,
en Judea, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y
mientras estaba allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo
primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no
tenían sitio en la posada.
En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre,
velando por turno su rebaño. Y un ángel del Señor se les presentó; la gloria
del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor. El ángel les
dijo: “No temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el
pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías,
el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales
y acostado en un pesebre.” De pronto, en torno al ángel, apareció una
legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en
el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.”
MISA DE LA AURORA
Lectura del profeta Isaías.
El Señor hace oír esto hasta el confín de la tierra: “Decid a la hija de Sión:
Mira a tu Salvador que llega, el premio de su victoria lo acompaña, la
recompensa lo precede; los llamarán “Pueblo santo”, “Redimidos del Señor”
y a ti te llamarán “Buscada”, “Ciudad no abandonada”.”
Salmo responsorial.
Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor.
El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables.
Los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R.
Amanece la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor, celebrad su santo nombre. R.
Lectura de la carta de san Pablo a Tito.
Cuando ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al
hombre, no por las obras de justicia que hayamos hecho nosotros, sino que
según su propia misericordia nos ha salvado, con el baño del segundo
nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo; Dios lo derramó
copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador.
Así, justificados por su gracia, somos, en esperanza, herederos de vida
eterna.
Evangelio según san Lucas
Cuando los ángeles los dejaron y subieron al cielo, los pastores se decían
unos a otros: “Vamos derechos a Belén, a ver eso que ha pasado y que nos
ha comunicado el Señor.” Fueron corriendo y encontraron a María y a José,
y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho
de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los
pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su
corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo
que habían visto y oído; todo como les habían dicho.
MISA DEL DÍA
Lectura del profeta Isaías.
¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la
paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: “Tu
Dios es rey”! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a
cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de
Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor
desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los
confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.
Salmo responsorial
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R.
El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. R.
Tañed la cítara para el Señor suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor. R.
Lectura de la carta a los Hebreos
En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a
nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha
hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del
cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria,
impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y,
habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la
derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado que los
ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué
ángel dijo jamás: “Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado”, o: “Yo seré para
él un padre, y él será para mí un hijo”? Y en otro pasaje, al introducir en el
mundo al primogénito, dice: “Adórenlo todos los ángeles de Dios.”
Evangelio según san Juan
En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la
Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio
de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.
En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla
en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió…. La Palabra era la luz verdadera,
que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el
mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa,
y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para
ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre,
ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado
su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
HOMILÍA
El significado de la Navidad.
“Navidad” significa “natividad o nacimiento”; pero, nacimiento ¿de
quién? Este término se refiere al nacimiento de Jesús de Nazaret, llamado por
los cristianos “Jesucristo” (Jesús el “Cristo”, el “Ungido”, el “Salvador”). Para
muchos no cristianos Jesucristo fue un profeta cuyas enseñanzas ayudaron, y
siguen ayudando, a dar sentido a la vida de muchas personas. Para los cristianos,
Jesús es el “Mesías” (término hebrero) o el “Cristo” (término griego), es decir
el “ungido” o el “consagrado por Dios” cuya presencia histórica ofrece a la
humanidad un camino de liberación al que llamamos “salvación”. A esta
presencia histórica y liberadora de Dios la llamamos “misterio de la
encarnación”, que es lo que básicamente celebramos en este tiempo.
Sobre el misterio de la encarnación.
La encarnación viene a ser como la inmersión total de Dios en su creación
(en el mundo) para salvarla desde dentro, respetando su autonomía y libertad.
Para quien se abre a la fe, todo lo creado tiene su origen en Dios, pero no solo
como algo del pasado (ya se originara a través del llamado “big bang” o de otra
forma), sino como una experiencia que sigue ocurriendo hoy, pues Dios crea
de forma permanente. En la creación podemos encontrar “la huella” de Dios,
pero no a Dios mismo, porque Dios no se confunde con su creación, aunque se
haga carne en ella. La creación es autónoma de Dios; tiene sus propias leyes. El
ser más perfecto de la creación es la humanidad, hecha “a imagen y semejanza
de Dios” y dotada de autonomía y libertad, bien para entrar en diálogo con Dios
o bien para rechazarlo, escondiéndose y alejándose de Él. Todo esto está
maravillosamente narrado en el mito de la creación del mundo del libro del
Génesis, incluyendo el origen del pecado. En este relato observamos cómo Dios
crea mediante su Palabra (“Y dijo Dios….”). También en el Nuevo Testamento
el Evangelio de Juan nos recuerda este origen: “Al principio existía la
Palabra… la Palabra era Dios… por medio de la Palabra se hizo todo…”
14Como las ideas se hacen “carne” cuando se expresan con palabras (orales
o escritas), el mundo sólo puede existir cuando es verbalizado por Dios. Todo
lo que vemos es expresión de la Palabra creadora y creativa de Dios. Por ello,
si la Palabra es origen de todo, sin diálogo no es posible la vida.
Un monólogo no construye nada, reduciéndolo todo a una relación
autorreferencial que se agota en sí misma; un círculo vicioso improductivo. Por
eso la información (literalmente “estar en la forma”) es la clave de la existencia.
Cuando no hay información sobreviene la nada, que es la ausencia de forma.
Esto supone que el diálogo es fundamental en las relaciones humanas, no solo
entre personas, sino también con la naturaleza. Sin palabras, las ideas se
evaporan y desaparecen. Sin diálogo, el ser humano queda “ninguneado”,
reducido a la nada al carecer de un interlocutor que llamándole “tú” le haga
tomar conciencia de su ser “yo mismo”.
Cuando Dios se encarna, entra en la naturaleza de su creación, pero
respetando su autonomía, sus leyes, sus tiempos y sus procesos. Dios encarnado
no violenta el mundo, sino que se somete a sus límites (incluso a la muerte) para
desde ellos, ofrecer una salida definitiva, una orientación, un sentido vital capaz
de hacer pleno el corazón humano. Dios se encarna porque es el único camino
para liberar y conducir la humanidad a la plena libertad.
El pecado que aleja de Dios: razón para que Dios se encarne.
Históricamente el hombre ha experimentado no solo el diálogo creative
con Dios que armoniza su existencia, sino también el desprecio de la humanidad
a su Palabra, es decir, a todo aquello que construye la vida. El ser humano elige
en muchas ocasiones un monólogo egoísta al diálogo con la naturaleza, con el
prójimo y con Dios. A esta inclinación humana la llamamos “pecado original”.
Por este pecado la humanidad niega la Palabra que la crea, abocándose al
precipicio de la muerte, que es la separación total de Dios, el reino del eterno
silencio y de la oscuridad sin atisbo alguno de luz. Para evitar esta trágica
ruptura, Dios se integra en su creación; no la violenta desde fuera a través de
energías que fuercen su libertad, sino que la dinamiza desde dentro,
introduciéndose en ella como el aire entra primero en los pulmones para salir
después en forma de aliento, haciendo posible la palabra al hacer vibrar las
cuerdas vocales.
15Por medio de esta palabra, divina y humana, Dios se va revelando poco
a poco como compañero que sugiere, inspira y alienta. Esta experiencia dialogal,
profundamente espiritual, es el origen de lo que conocemos como Biblia y de
tantos otros textos sagrados de diferentes tradiciones religiosas. Sin esta
experiencia fundamental de encuentro con el misterio creativo de Dios, la
Palabra (la biblia y los demás textos sagrados) no sería más que literature; un
arte bello encerrado en el laberinto de una estética estéril.
El valor de la Palabra de Dios permite que ese arte literario o musical
(los salmos son canciones) pueda entrar en diálogo con la fuente original de esa
misma Palabra, que no es la originalidad del escritor, sino la creatividad del
Espíritu de Dios que lo inspira. Como palabra humana puede ser antigua, pero
como palabra divina su vigencia es siempre actual.
Navidad: vivir la Palabra que está entre nosotros.
En muchas ocasiones y de diversos modos Dios ha hablado, no solo a
través de la naturaleza, sino sobre todo a través de personas que han ejercido de
líderes espirituales (fundamentalmente sacerdotes, profetas, reyes, pero
también a través de otras personas). Esto ha dado origen a numerosas formas
de relacionarse con Dios; estas formas son conocidas como “religiones”.
Hay un acontecimiento especial en la humanidad que supone una
presencia singular de Dios en el mundo. Este acontecimiento fue profetizado ya
en el Antiguo Testamento, sobre todo por el profeta Isaías. Dicha profecía
hablaba de la llegada de un mesías Salvador, quien vendría no como un líder
más, sino como la presencia y manifestación plena de Dios en la historia. Para
aceptar esta presencia de forma real (no sólo simbólica) es necesario la fe. La
fe supone confiar en la Palabra de Dios, dejándose guiar por ella a pesar de no
ser capaces de ver el camino. Una mujer, María de Nazaret, aceptó esta Palabra,
que sin duda conocía a través de su religión; la acogió y en su seno y la desplegó
a través de su hijo, en cuya persona se cumplen muchas de las profecías del
Antiguo Testamento. María, junto con José (que también acepta la Palabra de
Dios), son modelos creyentes para toda persona que quiera encontrar sentido a
su vida. Ellos dos son los que envuelven a Dios hecho hombre en el portal de
Belén, símbolo de una humanidad que cree, espera y recibe la llegada de Dios
en el mundo.
16Creer en Navidad.
La verdadera Navidad supone disponer el corazón para acoger la presencia de
Dios en la historia, acontecida en la vida de Jesús de Nazaret, reconociendo en
él la presencia realmente liberadora de Dios. Para celebrar la Navidad es
necesario mirar este acontecimiento histórico con fe. Sin fe también es posible
celebrar la navidad, pero como otra de tantas fiestas que pasan de largo sin ser
capaces de transformar nuestras vidas. Sólo la fe convierte la Navidad en una
oportunidad para reconocer que la propia vida es como un pesebre, pequeño y
sucio, en el que Dios se puede hacer presente si le dejamos. Muchas posadas se
cerraron a su presencia; nosotros estamos invitados a no cerrarnos a la
posibilidad de que Dios venga a transformarnos.
La fe es un don que suelen tener las personas más sencillas y pobres,
como los pastores, que fueron los primeros en escuchar la primera palabra que
Dios pronunció al hacerse hombre: el llanto de un niño en una noche oscura.
Ese llanto proviene de la marginación y la pobreza; es un grito de dolor, pero
también de lucha por la vida. Ese llanto, con los años, dejaría de ser un simple
gemido para convertirse en palabras que han alentado y siguen alentando la vida
de muchas personas. De la misma manera, no es posible vivir realmente la
Navidad si cerramos nuestras vidas a los llantos que actualmente se escuchan
en nuestro mundo. Si los villancicos, adornos y luces de Navidad ocultan esos
gritos del dolor que tratan de abrirse paso en la vida, la Navidad carece
totalmente de sentido.
No son solo los pobres y sencillos los que pueden escuchar esta voz.
También los que buscan con sincero corazón desde la ciencia o el arte. Los
“magos” venidos de todas partes del mundo no pudieron escuchar el llanto de
Jesús al nacer, pero pudieron descubrir en el cielo las estrellas que les guiaron
hasta su presencia. Así, el científico y el artista también puede creer y buscar a
este Dios “escondido” en lo cotidiano, arrinconado por el poder, la indiferencia
o la injusticia en las cunetas y los pesebres de la historia. La fe es un camino de
búsqueda, no un fuerte donde sentirse seguro.
17Los magos de oriente se pusieron en camino dejando la seguridad de sus
hogares, arriesgando sus vidas por caminos nada seguros, siguiendo el tenue
resplandor de una luz en su cielo. En ese camino se encontraron con el rey
Herodes, quien temeroso no se atreve a salir de de la seguridad de su palacio.
Por ello su corazón se empequeñece hasta convertirse en un corazón
sanguinario.
Tener fe es creer; y creer es confiar, aceptar la posibilidad de que esta
historia, con su parte de mito y leyenda, sea una historia real capaz de
transformar nuestra vida. Creer es tener valor para cargar con las propias
dudas sin refugiarse en la seguridad de los dogmas, tras los escudos de la
intransigencia o los clichés de los prejuicios. La fe no es un monólogo
aprendido que se repite, sino un diálogo sincero con la vida, como María, que
dialogó con el ángel Gabriel buscando razones para todo, pero también
confiando, porque se sabía una simple criatura envuelta por un maravilloso y
tremendo misterio. Que el ejemplo de María nos haga más humildes para que
también, como ella, seamos capaces de acoger la Palabra de Dios que nos recrea.
Si así lo hacemos daremos fruto abundante recorriendo un camino de dicha y
esperanza que nos llevará a la verdadera libertad.
ACCIÓN DE GRACIAS.
En muchas ocasiones, de muchas maneras ha hablado Dios.
Hoy nos habla, de noche; en la noche del mundo.
Su Palabra eterna, creativa y creadora,
se torna en el llanto desgarrado de un niño recien parido,
en un grito encendido por la primera bocanada de aire
que prende fuego a un mundo que aún sigue ardiendo.
En el principio fue su luz,
como una afilada espada invisible
que rasgó para siempre la oscuridad y la nada,
poniendo en nuestras pupilas la pura transparencia de las cosas.
Que Dios siga hablando,
también en los gritos y alaridos
de una creación herida y maltrecha
por los cómplices silencios de la indiferencia,
cuando no del racismo cobarde.
En el final, también será la luz;
su luz que ahora puede ser tuya y mía
si nuestras encendidas palabras son capaces
de forjar el diálogo cálido y fraterno
con el que recrear la ternura de un Dios
capaz de volcar todo su ser
en el cuerpo de un niño tendido en un pesebre.