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Sergio, Carlota y Lucía: la esperanza de vencer al cáncer

El Mundo

«Ésta es muy fácil». Sergio tiene 7 años y está jugando al ahorcado con María, una de las decenas de entregadas enfermeras del Servicio de Hemato-Oncología del Niño Jesús, mientras recibe la quimioterapia en el Hospital de Día. «Es la medicación, es como tomarme jarabe», explica Sergio, que recita de memoria todos los medicamentos que toma y que es del Real Madrid y de Casillas. «Él sabe todo porque lo pregunta todo a los médicos, les pide que se lo expliquen; es una esponja», asegura su madre, Sonia, orgullosa de la valentía de su hijo: «Al principio te hundes, pero es un niño que lo lleva tan bien, está tan animado, que tú también lo estás».

Al principio el diagnóstico fue muy malo. Tenía un osteosarcoma en el brazo derecho. Los médicos pensaban que habría que amputarle un brazo y él demostró ser un hombre con cuerpo de niño. «Cuando nos lo dijeron decía 'menos mal que soy zurdo, y no voy a tener que aprender a escribir de nuevo'». Un par de días antes «tuvo miedo», cómo no tenerlo, pero tras 11 horas de quirófano, la alegría inundó todas las salas del hospital. Le quitaron el sarcoma, pero no el brazo, que ahora se hace fuerte en fisioterapia. «Duele un poco», dice Sergio, que ha hecho amigos en el hospital y que, con esa valentía, dentro de nada estará jugando al fútbol en el recreo. Igual como delantero, metiendo goles, como en el hospital, del que su madre no puede estar más contenta: «Te lo hacen todo mucho más fácil; te sientes partes de una familia».

Lucía, un ejemplo de positividad
Carlota, la actriz más bonita

Lucía tiene 14 años y se ha hecho una suerte de trenza con el pañuelo que lleva en la cabeza. «Echo de menos el pelo, me han dicho que ahora igual me sale rizado, siempre lo he querido tener rizado», dice Lucía, que no para de sonreír. Le detectaron un linfoma B difuso de células grandes y ya va por la última sesión de quimioterapia. «Los peores ciclos fueron el segundo y el tercero; me hicieron punciones en la espalda y me salió mucositis», explica esta luchadora nata, que como el resto de niños ha madurado a pasos agigantados. «Aquí se convierten en niños especiales», comenta su madre, Raquel.

Dice Lucía que disfruta mucho con los talleres, con el cole del centro -ayer tenía examen de Lengua-, que a veces vienen «famosos» a visitarles y que cuando puede le coge la Wi-Fi a su madre para whatsAppear con sus amigas. «Lo mejor es que aprendes a relacionarte y que cuando estás fuera no sabes lo que la gente vive aquí y al final cuando te pasa, lo ves», asegura con un aplomo que emociona. Lo peor, claro está, las sesiones de quimio, porque, aparte de sentirte mal, «tienes que estar separada de tu familia».

«Nadie sabe cómo es hasta que estás aquí, de la lucha incondicional de todos, de las patologías», describe la madre, que alaba al equipo médico y que siempre acompaña a su hija, a la que pedimos un consejo para otros niños con cáncer. «Hay que ser positivo, porque si no eres positivo te hundes aún más», asegura y suena a que está dando el mejor consejo del mundo.

Cuando vuelve a Guadalajara tras la quimioterapia, y la gente pregunta a su madre por el pelo ralo o por la mascarilla que lleva la pequeña, ella, cinco añitos, responde con soltura: «Es que estoy malita, tengo leucemia». Les presentamos a Carlota, que quiere ser actriz, que le encanta «pintar con pincel en el colegio» y que canta la canción de la película de Frozen de maravilla. Ayer estuvo a punto de cantársela a su doctor, alucinado. Porque así es ella. Pura pasión. Se entera de todo. Habla y razona tan bien que sorprende mucho.

- Eres muy lista, pareces mayor, ¿no?

- Es que como mucho. Lo que más me gusta son los macarrones.

«Para los cinco años que tiene es muy madura y con esto mucho más. Alucinamos con ella», dice su madre Concepción sobre la pequeña, que ha reaccionado «sumamente bien» a la quimioterapia y que cada vez que entra en una sala del hospital va provocando la sonrisa de enfermeros y médicos. Dice Carlota que está en el hospital «algunas veces», que se lo pasa muy bien en el cole del centro, pero que lamenta que cuando está ingresada echa «un poco de menos a los amigos».

La pillamos en el teatro del Hospital Niño Jesús, donde los niños juegan al escondite, con juguetes y donde hay representaciones y espectáculos de magia y juegos. «El trato es excelente; no nos imaginábamos que un jarro de agua fría como éste nos lo íbamos a tomar tan bien», dice su madre.